Company of Wolves

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Bark at the Moon

sábado, 10 de octubre de 2015

No es verdad.

No es verdad.
Todo esto es una maldita huida,
la mañana le rompe los dientes a la realidad,
en su hostión innúmero, en sus caminos
de la muerte.

No es verdad, y tú lo sabes.
Tapices con mandalas ocultan este sofá
donde aprendí de la ablación en la derrota
y el llanto.
He cubierto las paredes con las sobras del pasado,
y hay un heavy y un hippy enterrados
en el jardín.

Te lo has callado de nuevo, Andrés.
Y sólo te queda la innegable relación
causa-efecto
entre el vino y la carne
decadente.
Sólo te queda
ese tener demasiado miedo, ese algún día
que sucederá la rebelión de los objetos
que te rodean, ese día
que empezarán a hablarte (y no callarán)
de cómo les has robado sus mismas almas,
tomado sus nombres y ahogado su ser
en la ataxia irremediable de tu condición
de esclavo.

Si lo piensas estás bien jodido.
Juraste hace años hacer honor a las lápidas
de la sinceridad.
Esas pobres viejas que se dejaron
las manos
remedando las redes donde atrapar los embustes
de la mar.
No es verdad, no.
Acurrucado en la esquina del salón, qué te queda.
Confesar acaso cómo utilizas a tantos
como aquellos que te regalaron
algo de amor.
Ocultarte en este mal de tontos, en este consuelo
de la caída.
Trasegar al alcohol una última oportunidad.
No es verdad, no lo es.
Nos hemos sonreído y rozado, amantes tenues,
la piel.
Hemos jurado que nos fallaríamos.
Y de tantas certezas no nos hemos dicho
ni una sola.

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