No rozar, tocar pero ensuciar,
no sentir, reir pero perder,
cada lenta hora que vivimos debajo de las notas del péndulo
tal la caída y la yedra que invaden los últimos
faros
de las presencias.
Salta, pues, al vacío de las inexistencias,
a los hoteles poblados de la sílfide violada,
de la colcha fracasada,
regalo palabras mas sólo cubro nuestras vías de agua,
el sentido es un arcano que ni siquiera
concedo
a tus labios.
Company of Wolves

Bark at the Moon
viernes, 28 de enero de 2011
lunes, 24 de enero de 2011
¿Y ahora qué? (Lorquí)
No alcanzo a verte más allá.
¿Qué será de nosotros, cuando ya hemos quemado todas las palabras?...
Mira mis manos,
vacías de todo lo que no sean balanzas y tremendas percusiones,
¿qué te daré cuando las olas se te antojen una líquida y monocorde recidiva,
de dónde vendrán las zarzas que nos dañen para hacernos libres del lodo
de los días tras días?
De los pianos ya no llorarán más notas,
los vientos ya no reinarán tras las solitarias puertas,
los bancos húmedos ya no recogerán siquiera las miradas,
pues en mis brazales ningún curso es eterno,
porque ni vosotros podéis jugar al escondite en este cementerio de calles panteonales,
y de nuevo un violín será el segundo nombre de la tristeza, y una fotografía
la estampa de la derrota incrustada sobre la cal viva,
viva como el único triunfo en estos campos de estas todas las batallas perdidas...
Ved, sí, ved mis pies,
mi caminar y vuestra ira en una sola cadencia de flores ajadas,
contad los números del tiempo lacio, recogeros al polvo
en las últimas ropas del olvido y el sueño,
nada será siquiera nada, ni un soplo, ni un suspiro,
¿y qué os daré ahora que entiendo el alto silencio
obscuro
de todas nuestras últimas pútridas voluntades?
¿Qué será de nosotros, cuando ya hemos quemado todas las palabras?...
Mira mis manos,
vacías de todo lo que no sean balanzas y tremendas percusiones,
¿qué te daré cuando las olas se te antojen una líquida y monocorde recidiva,
de dónde vendrán las zarzas que nos dañen para hacernos libres del lodo
de los días tras días?
De los pianos ya no llorarán más notas,
los vientos ya no reinarán tras las solitarias puertas,
los bancos húmedos ya no recogerán siquiera las miradas,
pues en mis brazales ningún curso es eterno,
porque ni vosotros podéis jugar al escondite en este cementerio de calles panteonales,
y de nuevo un violín será el segundo nombre de la tristeza, y una fotografía
la estampa de la derrota incrustada sobre la cal viva,
viva como el único triunfo en estos campos de estas todas las batallas perdidas...
Ved, sí, ved mis pies,
mi caminar y vuestra ira en una sola cadencia de flores ajadas,
contad los números del tiempo lacio, recogeros al polvo
en las últimas ropas del olvido y el sueño,
nada será siquiera nada, ni un soplo, ni un suspiro,
¿y qué os daré ahora que entiendo el alto silencio
obscuro
de todas nuestras últimas pútridas voluntades?
sábado, 22 de enero de 2011
Materiales.
De este ábaco de las importancias relativas estoy más que hastiado,
y aún lo recuerdo, mis sucias melenas escobando las plazas de Madrid,
los temas trescientos contra los griegos de la oral hora y media,
el horror del opositor a orko capador de almas,
y ese mismo ábaco, esas tablas del tiempo necesario y del minuto prescindible,
mas por ello no lo entiendo...
Pues entonces las horas medias nunca faltaron entre las iglesias y los vinos,
cuando la señal de la relevancia no eran el tálamo ni los ágapes,
mas para hoy preterido, sí, rezagado, días sin nadie y días sin mí,
si largo ha aprendí que quien te abraza te habrá de abrasar
cómo
de nuevo
aquí,
sí, de estas palangrosas semanas creeré sacar la rasante de mi sola presencia,
ni estructuras ni aceros contra el cobalto que corree todas las casas cerradas,
ni hormigón ni construcciones, cal y canto,
sólo, ni una silla ni una sonrisa, parcas al reloj pero hambrientas a las quimeras recién nacientes,
solamente sólo, pues hay pasos prohibidos, porque hay prioridades, por supuesto,
(entiéndelo, la lógica existente y tu tarada cerviz)
súcubo, negro de otros vívidos pecados, escoria, mierda de tus sienes, compréndelo,
egoísta madero que desecha la palabra, ante el horror que casi anhela el silencio
de sal marina
de los teléfonos.
y aún lo recuerdo, mis sucias melenas escobando las plazas de Madrid,
los temas trescientos contra los griegos de la oral hora y media,
el horror del opositor a orko capador de almas,
y ese mismo ábaco, esas tablas del tiempo necesario y del minuto prescindible,
mas por ello no lo entiendo...
Pues entonces las horas medias nunca faltaron entre las iglesias y los vinos,
cuando la señal de la relevancia no eran el tálamo ni los ágapes,
mas para hoy preterido, sí, rezagado, días sin nadie y días sin mí,
si largo ha aprendí que quien te abraza te habrá de abrasar
cómo
de nuevo
aquí,
sí, de estas palangrosas semanas creeré sacar la rasante de mi sola presencia,
ni estructuras ni aceros contra el cobalto que corree todas las casas cerradas,
ni hormigón ni construcciones, cal y canto,
sólo, ni una silla ni una sonrisa, parcas al reloj pero hambrientas a las quimeras recién nacientes,
solamente sólo, pues hay pasos prohibidos, porque hay prioridades, por supuesto,
(entiéndelo, la lógica existente y tu tarada cerviz)
súcubo, negro de otros vívidos pecados, escoria, mierda de tus sienes, compréndelo,
egoísta madero que desecha la palabra, ante el horror que casi anhela el silencio
de sal marina
de los teléfonos.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)