Clitorianas voces
descienden desde mis manos,
abierto en surcos, como gajos, el verso
manchando la túnica de las negras monjas
de mi pubis.
Company of Wolves
Bark at the Moon
sábado, 7 de julio de 2012
Consolator.
Dice Freud que no he superado mi etapa sádico-anal,/
como niña contra sus heces, me insisto,/
me penetro,/
me descubro,/
agujeros, simas contra la mayor obscuridad, el receptor hueco, mohoso, de mis dedos,/
y dice Freud que mi sucio padre es el culpable de estos placeres de nena guarra que ahora me trae la tarde,/
pero Freud era un judío que no sabía de mis dobles/
aminículos de profundo/
cárnico/
látex.
como niña contra sus heces, me insisto,/
me penetro,/
me descubro,/
agujeros, simas contra la mayor obscuridad, el receptor hueco, mohoso, de mis dedos,/
y dice Freud que mi sucio padre es el culpable de estos placeres de nena guarra que ahora me trae la tarde,/
pero Freud era un judío que no sabía de mis dobles/
aminículos de profundo/
cárnico/
látex.
miércoles, 4 de julio de 2012
Mis nombres.
Yo me llamo pérdida,
mi libro de familia es una cuaderna negra,
yo me apellido loco, perturbado, pastillero de farmacia,
yo me nombro y no me reconozco, yo me llamo fracaso, yo no,
yo no
me llamo
amor.
Otras voces quisiera que fueran las mías, pero mi noche se llama olvido,
mi día se llama odio, batalla contra (¿contra quién?), guardia y guarida,
por eso mi nombre es vino, es ángel caído acodado en un bar,
y me llamo mar lejana, y me dicen señoría, y creo que mi apellido es mierda,
y al menos todo eso sé yo.
¿Cuál será, decidme, vuestro nombre?
¿Quién sereís hoy, cuando caigan de cuajo
al viento sucio de este Sur
nuestros abrazos?
mi libro de familia es una cuaderna negra,
yo me apellido loco, perturbado, pastillero de farmacia,
yo me nombro y no me reconozco, yo me llamo fracaso, yo no,
yo no
me llamo
amor.
Otras voces quisiera que fueran las mías, pero mi noche se llama olvido,
mi día se llama odio, batalla contra (¿contra quién?), guardia y guarida,
por eso mi nombre es vino, es ángel caído acodado en un bar,
y me llamo mar lejana, y me dicen señoría, y creo que mi apellido es mierda,
y al menos todo eso sé yo.
¿Cuál será, decidme, vuestro nombre?
¿Quién sereís hoy, cuando caigan de cuajo
al viento sucio de este Sur
nuestros abrazos?
sábado, 23 de junio de 2012
Loch Ness.
El año 1992 tuvo algo de irónico... perdí mis estaciones, desde el curso pasado, en Cabo de Palos, huyendo del hombre, del ser humano madrileño que me había violado tras tanto divagar por las universidades pontificias. Mientras eran grandes en España y sus fastos, mi cordura mental se perdió en el intento de meter en mi cabeza los cartularios de Carperi para ser JUEZ, algo que yo entonces creía que era algo que se conseguía con los libros.
Perdieron los buenos, como siempre... los veraneantes, un año después, derrotaron a la soledad del los patos de la migra y de las tortugas de mi invierno solo y bañista... me descentraron, me hicieron dejar los libros, sus coños fueron álgidos, y sólo le quedó a mi ser Escocia y sus Highands.
Y un amigo, sí... Gregorio, cómo te quiero, como soportaste mi ser ese mes de escape de Absolom y lo reconstruieste a lo que ahora es... mi Autobianchi Y10 llegó a casi matarnos en la orilla del Lago Ness, ¿recuerdas?. Salimos bebidos del Youth Hostel, al menos yo, y conducimos, hasta esa fatídica curva al lado del lago y de su castillo costero semiderruído, por la derecha, hasta topar de frente con el Audi de ese escocés que nunca supimos si era tartamudo o le dejamos tal... te despediste antes de la muerte, Gregorio, con un último grito, y un último volantazo pudo permitir que la historia tuviere otro final, que arrastró nuestro coche destrozado cin chapas ni ruedas de repuesto hasta la tierra del puto IRA e Irlanda tras recorrer, motocarro estragado, la tierra entera de los McClow.
Era al lado, a diez metros, de la orilla donde el único monstruo que habitaba era yo, y un amigo me demostró lo que es la amistad. Este pasado domingo, mi querido Gregorio, vivimos solo un poquillo, tú rey y reo de tus realidades, yo esclavo y señorío de las mías, al lado de las que amamos... y fuimos los monstruos de ese exquisito pelirrojo, viejos ya, sabios quizás no tanto, de nuevo, a bordo de nuestro navío sin asegurar por la borda contraria al crujir de los vientos.
Loch Ness. A ti, mi querido amigo.
PD: Ojo al dolor de las guitarras, 6:25 a 10:24, y al silencio subsiguiente. La palabra, Loli, es sublime.
http://www.youtube.com/watch?v=PkZDS_fsIBU&feature=related
Perdieron los buenos, como siempre... los veraneantes, un año después, derrotaron a la soledad del los patos de la migra y de las tortugas de mi invierno solo y bañista... me descentraron, me hicieron dejar los libros, sus coños fueron álgidos, y sólo le quedó a mi ser Escocia y sus Highands.
Y un amigo, sí... Gregorio, cómo te quiero, como soportaste mi ser ese mes de escape de Absolom y lo reconstruieste a lo que ahora es... mi Autobianchi Y10 llegó a casi matarnos en la orilla del Lago Ness, ¿recuerdas?. Salimos bebidos del Youth Hostel, al menos yo, y conducimos, hasta esa fatídica curva al lado del lago y de su castillo costero semiderruído, por la derecha, hasta topar de frente con el Audi de ese escocés que nunca supimos si era tartamudo o le dejamos tal... te despediste antes de la muerte, Gregorio, con un último grito, y un último volantazo pudo permitir que la historia tuviere otro final, que arrastró nuestro coche destrozado cin chapas ni ruedas de repuesto hasta la tierra del puto IRA e Irlanda tras recorrer, motocarro estragado, la tierra entera de los McClow.
Era al lado, a diez metros, de la orilla donde el único monstruo que habitaba era yo, y un amigo me demostró lo que es la amistad. Este pasado domingo, mi querido Gregorio, vivimos solo un poquillo, tú rey y reo de tus realidades, yo esclavo y señorío de las mías, al lado de las que amamos... y fuimos los monstruos de ese exquisito pelirrojo, viejos ya, sabios quizás no tanto, de nuevo, a bordo de nuestro navío sin asegurar por la borda contraria al crujir de los vientos.
Loch Ness. A ti, mi querido amigo.
PD: Ojo al dolor de las guitarras, 6:25 a 10:24, y al silencio subsiguiente. La palabra, Loli, es sublime.
http://www.youtube.com/watch?v=PkZDS_fsIBU&feature=related
viernes, 1 de junio de 2012
De poetas e incluso de seres humanos.
De casi nada de lo oído me ha quedado ni el sonido,
de los pasos pasados y las guerras presentes solamente puedo rogar un armisticio,
mi bandera blanca tras los límites de los años desolados,
y sé, eso sí, que todos tenéis las mismas escaras de nuestro trotarnos sin siquiera herraduras,
de este abrazarnos y libarnos y querer comernos el sexo apoyados en los váteres de tantos bares,
y, sin embargo, sigo riendo y queriéndoos, y seguiré olvidando
que los hermanos se mataron por las lindes de la herencia y porque desean la miel vaginal de sus cuñadas,
por ello habrá que seguir bogando,
tendremos que unir nuestras manos en la barca de Medusa, que la playa se acerca,
poetas, legos, falsos, la sífilis yacente tras las bellas metáforas de la larga
lengua
del áspid.
de los pasos pasados y las guerras presentes solamente puedo rogar un armisticio,
mi bandera blanca tras los límites de los años desolados,
y sé, eso sí, que todos tenéis las mismas escaras de nuestro trotarnos sin siquiera herraduras,
de este abrazarnos y libarnos y querer comernos el sexo apoyados en los váteres de tantos bares,
y, sin embargo, sigo riendo y queriéndoos, y seguiré olvidando
que los hermanos se mataron por las lindes de la herencia y porque desean la miel vaginal de sus cuñadas,
por ello habrá que seguir bogando,
tendremos que unir nuestras manos en la barca de Medusa, que la playa se acerca,
poetas, legos, falsos, la sífilis yacente tras las bellas metáforas de la larga
lengua
del áspid.
jueves, 31 de mayo de 2012
Cuaderno de Viajes.
Esta noche me pides que te hable de un viaje,
de la procesión de pies de muertos que (no me mientas) bien sabes que no lleva a ninguna parte,
queréis que os diga que en el mudar estará nuestra respuesta, la simetría de los instrumentos afinados,
el saber que ocupe todo nuestro lugar,
y así, zarpazos y fronteras contra hímenes, huiremos, aviones tercos, seco betún de las botas del peregrino,
barcos llenos de ataúdes sin remite,
y no, desde luego que no, no pienso ya que un viaje sirva sino para extender el ámbar negro
de la desolación...
Hoy prefiero la envoltura fácil, la cáscara, el caparazón de mi mutismo lleno de escamas,
la tana aterrada de los últimos pulpos del invierno,
la continencia de las mismas paredes y los únicos deseos, de los lazos que he comprado con tantas estaciones
de ilusiones
defloradas,
pues recorriendo tierras he visto que somos hermanos, sí, bastardos de una misma madre,
repentinos soñadores de la rabia y el ego, negros, blancos, hienas a la postre,
esforzados lameculos que no conocen otras lenguas que las que se llenan de mierda,
y aquí y allá, cambiamos las banderas y nos follamos al amor del nuevo vecino en cada sucio motel,
o sodomizamos a sus hijas con esa mente que las saluda a la mañana mientras las penetra al sueño,
y queréis que viaje, que cree otro monstruo en otro lugar, que mis espetones
se vuelvan a adueñar del sufrimiento de otros incautos habitantes de mis seres...
Aún recuerdo Albany, mas lo único albo del Mayflower de los no-muertos era la lefa en la cara de sus adolescentes,
fiestas del alcohol prohibido y la carne regalada mientras mañana las misas puritanas se llenaban de labios carminados,
y no he olvidado mis veranos en Escocia, las Highlands donde mostré al Royal Mail cúan escoria es mi palabra de amante,
la cartera descarriaba cada día dos sobres con los mismos versos a musas bien distintas,
John O'Groats era el cabo del miedo a la decencia, y el whisky de malta no era consuelo para mis idiomas indebidos,
Creta me demostró que los minotauros son cándidas balizas contra la tempestad del matrimonio errado, y en Venecia
le conté a un gondolero que el único aniversario que me empalmaba era el del mortuorio de la Isla de San Miiguel,
y cuento en vano, a todos los lugares me llevé a mí mismo, en Montreal mis olimpiadas del frío
se estrellaron con los labios mayores de esa rubia que me quería (o eso decía),
en Yugoslavia pasamos veintidós horas entre las orines rebosantes de ese puto tren mientras nuestro compartimento
era el terreno de juego de ese cerdo revisor y sus licuosas lolitas de Zagreb,
y mientras escuchaba los lamentos de siglos pasados de los miles de asesinados en la Oreja de Dionisio eran mi única atención las tetas
c s
i e
m t
b n
r a
e
de aquella elfa guarra de Siracusa con la que cené mentiras y Cialis a la luz del vino de la Isla de Ortigia,
y he acabado viajando hacia abajo, de profundis, allá, a los metros cuarenta y nueve del Sirio muerto en la Isla Hormiga,
mi último más hermoso y sucesivo singlar, allá donde al menos no podemos ser siquiera humanos,
no puedo hablar ni escupir tanto robín ni salirme del neopreno que por fin me contiene, ni darle por culo a los meros
ni a las corvinas,
y respiro aire de azul casi negro y por fin no puedo hacer daño a madie...
No veo, pues, que estas cuadernas sigan teniendo una legítima derrota, in veritas,
no creo que saliendo de mí encuentre menos hiel podrida que dentro de mi sarta de falacias,
prefiero descubrir hacia dentro, hacia la sima mariana de mi inseguridad,
de mi dolor tras conocer y seguir sabiendo,
y esperar acaso, desear bajo el óxido de los pecios de la muerte
la mano de Mitra que rescate mis huesos del fondo del asco que me siento,
la casualidad que me abra una roncha en su carne, un lienzo para volver a clavar
nuestras siempre alertas
dagas.
(Y sí, te curaré, te mimaré tras ello).
martes, 24 de abril de 2012
Cabo de Gata.
De las muchas cosas que hubiere tenido de decirte/
allá donde rompían las aguas y los barcos avejados desgranaban los
raíles oxidados,/
en el reino de la boria de otros cabos y del gazpacho blanqueado de la sal/
abandonada de los años,/
quizás me faltó admitirte que mi cuerpo fofo suspira ahora como un laúd
recién afinado,/
que mi polla inerme se torna arrecife incierto contra mis propias medusas,/
y creo que no te conté que guardo la esencia de tus risas en capazos de cemento/
de fragua, de brutal fragua de barrotes arrancados,/
que, casi sin nombrarlo y desde luego temiéndolo, tomé tan feliz esa
senda del barranco y la noche,/
ese camino estrecho de cañas afiladas y baluartes fantasmas,/
que embarranqué mi Toyota en el mejor derrotero que nunca tomó este
ciego errante,/
y que bebí, vampiro ebrio, de tu lágrima aterrada, de tu abrazo,/
del doom metal que me recordaba que tras la cortina del infierno/
esperaba para darme su perdón, con sus flechas de aloe vera,/
mi última Desdémona.
allá donde rompían las aguas y los barcos avejados desgranaban los
raíles oxidados,/
en el reino de la boria de otros cabos y del gazpacho blanqueado de la sal/
abandonada de los años,/
quizás me faltó admitirte que mi cuerpo fofo suspira ahora como un laúd
recién afinado,/
que mi polla inerme se torna arrecife incierto contra mis propias medusas,/
y creo que no te conté que guardo la esencia de tus risas en capazos de cemento/
de fragua, de brutal fragua de barrotes arrancados,/
que, casi sin nombrarlo y desde luego temiéndolo, tomé tan feliz esa
senda del barranco y la noche,/
ese camino estrecho de cañas afiladas y baluartes fantasmas,/
que embarranqué mi Toyota en el mejor derrotero que nunca tomó este
ciego errante,/
y que bebí, vampiro ebrio, de tu lágrima aterrada, de tu abrazo,/
del doom metal que me recordaba que tras la cortina del infierno/
esperaba para darme su perdón, con sus flechas de aloe vera,/
mi última Desdémona.
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