De las muchas cosas que hubiere tenido de decirte/
allá donde rompían las
aguas y los barcos avejados desgranaban los
raíles oxidados,/
en el reino
de la boria de otros cabos y del gazpacho blanqueado de la sal/
abandonada de
los años,/
quizás me faltó admitirte que mi cuerpo fofo suspira ahora como un
laúd
recién afinado,/
que mi polla inerme se torna arrecife incierto
contra mis propias medusas,/
y creo que no te conté que guardo la esencia de
tus risas en capazos de cemento/
de fragua, de brutal fragua de barrotes
arrancados,/
que, casi sin nombrarlo y desde luego temiéndolo, tomé tan feliz
esa
senda del barranco y la noche,/
ese camino estrecho de cañas afiladas
y baluartes fantasmas,/
que embarranqué mi Toyota en el mejor derrotero que
nunca tomó este
ciego errante,/
y que bebí, vampiro ebrio, de tu lágrima
aterrada, de tu abrazo,/
del doom metal que me recordaba que tras la cortina del
infierno/
esperaba para darme su perdón, con sus flechas de aloe vera,/
mi
última Desdémona.
Company of Wolves
Bark at the Moon
martes, 24 de abril de 2012
miércoles, 18 de abril de 2012
Sin.
La experiencia demuestra que puedo vivir sin ti,
las albas que se suceden, y tú no estás,
la verdad vierte su esencia espesa, y puedo abrazarme a mi propio metal, y hallarme
en el señuelo de otros brazos y en el sueño de otras gárgolas,
sí, soy libre, no te necesito,
como hay cascadas secas de huevos hueros, tantas nadas cordiales,
como las horas que no tienen más que un nombre que braman las paredes
amordazadas,
sí, me soy suficiente, pleno,
rorcual en el azul que tú haces púrpura, falso fruto
como los caquis de la calle Cuatro Santos, antaño, cuando los esponsales tenían
tal cual hoy, sin ti, en mi coraza de añicos,
el sabor a mentira del engreído
invernadero.
las albas que se suceden, y tú no estás,
la verdad vierte su esencia espesa, y puedo abrazarme a mi propio metal, y hallarme
en el señuelo de otros brazos y en el sueño de otras gárgolas,
sí, soy libre, no te necesito,
como hay cascadas secas de huevos hueros, tantas nadas cordiales,
como las horas que no tienen más que un nombre que braman las paredes
amordazadas,
sí, me soy suficiente, pleno,
rorcual en el azul que tú haces púrpura, falso fruto
como los caquis de la calle Cuatro Santos, antaño, cuando los esponsales tenían
tal cual hoy, sin ti, en mi coraza de añicos,
el sabor a mentira del engreído
invernadero.
martes, 10 de abril de 2012
Jardín de la Pólvora (Bando de la Huerta).
Mentiras, putas mentiras...
(joder, siempre digo "puta" en mis no-versos)...
Adolescentes/as, lenguaje correcto, coños y espigas, pollas y cuevas,
no puedo sino buscar a mis hijos entre las huestes de la verdad, la única verdad en medio de la maldita Murcia,
no os encuentro, hijos, pues he vagado por las calles, entre mis adultos, conmigo acaso,
y reís, zaragüeles, o cómo coño se diga, tumbas abiertas,
banderos y lanceros vienen a ser la misma sed, el orgasmo del alcohol y la braga refinada,
mentiras, tremendas mentiras,
no será el zarangollo quien os exima, había otro camino, sí, lo había,
la torcida y espinosa senda de la presencia que a nadie agrada,
el color negro de las huertas cuando llega el mochuelo y su predicción mortal,
beberé, vinos blancos de la tierra de Castilla, podridas uvas para paladares tan finos, puercos
hedonistas, lesos simuladores, calles en estampida, sólo (que te follen, Academia) los chinos resisten
en esta tierra extraña de mi primera vez, de mi virginidad mancillada,
y en medio la ira de los claveles blancos,
la savia guarra del extranjero, moros, negros, sudacas, llamadles por su nombre, racistas, pero... Jardín
de la Pólvora,
todos juntos, todos hermanados por el olor del sexo cierto, sin color, sin sabor al margen del último estallido,
y pasar al Teatro Romea, negros que somos solos para los noruegos que se reirían de nuestra sangre sucia,
(¡¡¡¡Harry se está gachando a todo Howards!!!)
pìjos de la ropa heavy y las crestas (God Save The Queen) en medio de los huertanos que hoy sí te dicen,
abominatio, mirad más allá, en la mesa rondan los súcubos que hacen de vuestras habas su cobijo,
el amor se cerró en banda como el arroz a la siesta,
y borrachos lodos,
borrachos,
ebrios hermanos de Eolo, del Leveche frío y agrio,
me voy...
mis ojos han visto lo que querían (y me han vendido),
soy un saco de mierda en medio de la gloria,
bellotas como perlas negras, sí, para mi boca, para la boca
de los cerdos
litorales.
(joder, siempre digo "puta" en mis no-versos)...
Adolescentes/as, lenguaje correcto, coños y espigas, pollas y cuevas,
no puedo sino buscar a mis hijos entre las huestes de la verdad, la única verdad en medio de la maldita Murcia,
no os encuentro, hijos, pues he vagado por las calles, entre mis adultos, conmigo acaso,
y reís, zaragüeles, o cómo coño se diga, tumbas abiertas,
banderos y lanceros vienen a ser la misma sed, el orgasmo del alcohol y la braga refinada,
mentiras, tremendas mentiras,
no será el zarangollo quien os exima, había otro camino, sí, lo había,
la torcida y espinosa senda de la presencia que a nadie agrada,
el color negro de las huertas cuando llega el mochuelo y su predicción mortal,
beberé, vinos blancos de la tierra de Castilla, podridas uvas para paladares tan finos, puercos
hedonistas, lesos simuladores, calles en estampida, sólo (que te follen, Academia) los chinos resisten
en esta tierra extraña de mi primera vez, de mi virginidad mancillada,
y en medio la ira de los claveles blancos,
la savia guarra del extranjero, moros, negros, sudacas, llamadles por su nombre, racistas, pero... Jardín
de la Pólvora,
todos juntos, todos hermanados por el olor del sexo cierto, sin color, sin sabor al margen del último estallido,
y pasar al Teatro Romea, negros que somos solos para los noruegos que se reirían de nuestra sangre sucia,
(¡¡¡¡Harry se está gachando a todo Howards!!!)
pìjos de la ropa heavy y las crestas (God Save The Queen) en medio de los huertanos que hoy sí te dicen,
abominatio, mirad más allá, en la mesa rondan los súcubos que hacen de vuestras habas su cobijo,
el amor se cerró en banda como el arroz a la siesta,
y borrachos lodos,
borrachos,
ebrios hermanos de Eolo, del Leveche frío y agrio,
me voy...
mis ojos han visto lo que querían (y me han vendido),
soy un saco de mierda en medio de la gloria,
bellotas como perlas negras, sí, para mi boca, para la boca
de los cerdos
litorales.
domingo, 8 de abril de 2012
Stigmata.
Cristo habrá resucitado, mas nos quedan los estigmas...
Señalados por nuestras ropas obscuras y nuestros largos cabellos, insultados
en las procesiones de la blanca mascarada cartagenera,
distinguidos por una vida fuera del camino que osa en el bosque, por una senda que nos lleva
lejos de aquellos que nos dijeron que nos querrían
siempre,
sí, manos y piernas lanceadas por el seguir sintiendo que las piedras sepulcrales no se apartarán,
tus estigmas, mis estorbos, la maldición de saberse diferente y rondar las pisadas de los lobos,
la fusta romana en las miradas de los putos pijos que me ríen porque soy un jodido juez
o cuando no lo saben me echan de sus restaurantes porque hay Satán en mis manos y dolor en mis labios,
y entonces lo veo...
Cristo ha resucitado,
la Salve Cartagenera nos agolpa, nos hermana en esta hermosa impostura, pero no acierto a cantar...
vos no me daréis la mano al cruzar el umbral,
me despreciaréis, me diréis loco, el desequilibrado, el pastillero, el débil depresivo,
la caridad será vuestra última palabra antes de rematar con dagas nuestras certezas,
os mofaréis de maricones, de moros, de pobres, de perro-flautas sin otro vestir que su enorme corazón,
y seguiréis siendo los señores de los estigmas, y todo será igual,
me reuniré en las calas nocturnas con mis iguales,
me emborracharé en las barras de las palabras con mis mejores,
me empalmaré cuando una guitarra me cuente el secreto del cieno de los hombres,
sangraremos, y Cristo habrá resucitado, y le mostraremos
delante de toda esta sociedad de mierda
la sabia permanencia de sus últimas heridas.
Señalados por nuestras ropas obscuras y nuestros largos cabellos, insultados
en las procesiones de la blanca mascarada cartagenera,
distinguidos por una vida fuera del camino que osa en el bosque, por una senda que nos lleva
lejos de aquellos que nos dijeron que nos querrían
siempre,
sí, manos y piernas lanceadas por el seguir sintiendo que las piedras sepulcrales no se apartarán,
tus estigmas, mis estorbos, la maldición de saberse diferente y rondar las pisadas de los lobos,
la fusta romana en las miradas de los putos pijos que me ríen porque soy un jodido juez
o cuando no lo saben me echan de sus restaurantes porque hay Satán en mis manos y dolor en mis labios,
y entonces lo veo...
Cristo ha resucitado,
la Salve Cartagenera nos agolpa, nos hermana en esta hermosa impostura, pero no acierto a cantar...
vos no me daréis la mano al cruzar el umbral,
me despreciaréis, me diréis loco, el desequilibrado, el pastillero, el débil depresivo,
la caridad será vuestra última palabra antes de rematar con dagas nuestras certezas,
os mofaréis de maricones, de moros, de pobres, de perro-flautas sin otro vestir que su enorme corazón,
y seguiréis siendo los señores de los estigmas, y todo será igual,
me reuniré en las calas nocturnas con mis iguales,
me emborracharé en las barras de las palabras con mis mejores,
me empalmaré cuando una guitarra me cuente el secreto del cieno de los hombres,
sangraremos, y Cristo habrá resucitado, y le mostraremos
delante de toda esta sociedad de mierda
la sabia permanencia de sus últimas heridas.
miércoles, 21 de marzo de 2012
The Last In Line.
Siempre hay un pasado, y siempre duele,
acecha entre los platos de salmón y las patatas cocidas y aterradas,
vuelve y grita que nada de lo de antes nos ha dejado de destruir,
esta noche tengo en las manos abiertas tantos fotogramas de la felicidad,
tengo en los ojos tantos rastros de los hamsters que he matado a pollazos y me he comido,
tengo tanto miedo que concluyo, fallo, y seamos sensatos,
rindamos, entreguemos, los pendones,
arriemos las velas, las de tu Halloween, las de las últimas naos que fingieron su babor oxidado,
pidamos perdón...
Nunca seré suficiente, y he de decíroslo,
los galones del hoy serán medallas de deserción mañana,
la última leche que cuajó en mi sexo fue la de Blanquita al embate de Pedro,
un señor de Madrid ha venido ha robarme mi última puerta de salida,
(ay, era para nosotros esa otra vida)
y entre todo eso que nada os significa he vuelto a saborear las lágrimas sobre el volante,
pues (Meat Loaf) los objetos en el espejo retrovisor pueden parecer más cerca de lo que están,
y muchas me han dicho que me amaban, y su amor han sido al final los vientos,
las gaviotas que depredan los huevos del postrero verano,
los bancos vacíos de la veintena de septiembre,
y no podré serte bastante...
Hay demonios que es mejor dejar dentro de sus poseídos,
hay tonadas que siempre serán lastres funerarios,
no debí, no, entregarte al terror de los Grateful Dead, al fin y al cabo
soy sólo, apenas, una ilusión de vino blanco, un castillo de tarots que ya avezaron
del
solitario
camino
del que seguirá bailando
(entre cientos que tocan sus guitarras)
a la armónica del oso viejo del zíngaro.
Segundo premio, sí,
el último en llegar, el último en saberlo.
(Larga, ancha, negra, sea la mar).
miércoles, 8 de febrero de 2012
Digamos blanco.
O cómo escribir con la sonrisa,
o de qué manera tener palabras cuando el corazón se divide, se agrieta en dos,
se ignora en nombres y alabardas (hasta ha tanto como el ayer) ignoradas, o cómo no mentir, cómo,
si no tengo, no, la consuetudinaria ambición por eso que llaman felicidad, y cómo, cómo
cantarla.
Látigos y culebras (esos labios tensos de la lefa) me han parecido tan bellos elementos constructivos,
a mí y a todos vos (jodidos farsantes), de argollas y clítoris anillados hemos edificado estas chavolas
que llamamos meses,
poetas, bares,
quiebros de columnas cervicales, podrida mielina hacia la hermosa muerte,
yo y yo de adobe negro siempre recubiertos, versos, falacias, cerraduras oxidadas ante la promesa
rota
del verano.
De todo eso hemos narrado, dedos llenos de mierda, muecas de orgullo ante el segundo altar de Sartre,
y de pronto querer que la cal se torne blanca, que los pulpos solitarios al tacto de otra mujer y otras sábanas
pierdan sus ventosas,
que hasta los cuervos que anuncian el frío miren con algo que no sea el horror de Conrad,
quisiera, sí, quisiera, perdonarme, colgar arpones, levar anclas, pero todo,
todo este retornar de Tarots como papel couché de los relojes que tanto he pisoteado,
toda esta declaración de obra nueva en ramas sin espinas,
esta inmensa deuda que me quiero saldar en unos ojos y un erial que llaman esperanza,
todo se me antoja demasiado...
(pero que se mueran, que se vuelvan, los cobardes).
o de qué manera tener palabras cuando el corazón se divide, se agrieta en dos,
se ignora en nombres y alabardas (hasta ha tanto como el ayer) ignoradas, o cómo no mentir, cómo,
si no tengo, no, la consuetudinaria ambición por eso que llaman felicidad, y cómo, cómo
cantarla.
Látigos y culebras (esos labios tensos de la lefa) me han parecido tan bellos elementos constructivos,
a mí y a todos vos (jodidos farsantes), de argollas y clítoris anillados hemos edificado estas chavolas
que llamamos meses,
poetas, bares,
quiebros de columnas cervicales, podrida mielina hacia la hermosa muerte,
yo y yo de adobe negro siempre recubiertos, versos, falacias, cerraduras oxidadas ante la promesa
rota
del verano.
De todo eso hemos narrado, dedos llenos de mierda, muecas de orgullo ante el segundo altar de Sartre,
y de pronto querer que la cal se torne blanca, que los pulpos solitarios al tacto de otra mujer y otras sábanas
pierdan sus ventosas,
que hasta los cuervos que anuncian el frío miren con algo que no sea el horror de Conrad,
quisiera, sí, quisiera, perdonarme, colgar arpones, levar anclas, pero todo,
todo este retornar de Tarots como papel couché de los relojes que tanto he pisoteado,
toda esta declaración de obra nueva en ramas sin espinas,
esta inmensa deuda que me quiero saldar en unos ojos y un erial que llaman esperanza,
todo se me antoja demasiado...
(pero que se mueran, que se vuelvan, los cobardes).
viernes, 23 de diciembre de 2011
Negra Navidad.
No creo...
No creo que nadie naciera en un portal,
ni siquiera se me antoja que ningún mago borracho viera una estrella fugaz,
no puedo creer que unos pastores hicieran otra cosa que cagarse en la noche fría de sus señoritos
(y, si acaso, follarse a sus ovejas),
no creo que el invierno pariera dioses, ni que hubiera sino odio en el alma de los hombres,
no, lo siento, y me temo
que los fariseos simplemente han cambiado túnicas por sotanas,
que las luces y las bolas purpurinas solo ocultan rabias secas,
que queremos, deseamos, pero somos los Herodes de los nuestros,
y no creo, no creo, que nada tengamos que celebrar.
Acaso que alguien se va a atrever a decir un "te amo" (malditas palabras),
acaso que alguien mentirá mientras afila la lija de su sexo,
acaso que, como cada perro, nos lamemos el cipote mientras el otro resbala, acantilado,
acaso que al caer del vino descubriremos que valemos lo que rompemos,
o acaso nada...
felicidad, sí, nuestro deseo de papel de envolver (y mientras no nos jodan),
mientras no me pidas que alargue la mano o te abra mi carne repartida,
fiestas, sí, la del semen que anhela el secar de las lágrimas para encerar las caras,
escorrentías de limas falsas que abrirán las celdas donde debimos quedarnos, reos
inanes,
condenados ya a vagar sin entender, mientras de sonrisas
desdentadas
cargamos las alitas sucias, cuadernos emplumados de derrota,
de tanto ángel
caído.
No creo que nadie naciera en un portal,
ni siquiera se me antoja que ningún mago borracho viera una estrella fugaz,
no puedo creer que unos pastores hicieran otra cosa que cagarse en la noche fría de sus señoritos
(y, si acaso, follarse a sus ovejas),
no creo que el invierno pariera dioses, ni que hubiera sino odio en el alma de los hombres,
no, lo siento, y me temo
que los fariseos simplemente han cambiado túnicas por sotanas,
que las luces y las bolas purpurinas solo ocultan rabias secas,
que queremos, deseamos, pero somos los Herodes de los nuestros,
y no creo, no creo, que nada tengamos que celebrar.
Acaso que alguien se va a atrever a decir un "te amo" (malditas palabras),
acaso que alguien mentirá mientras afila la lija de su sexo,
acaso que, como cada perro, nos lamemos el cipote mientras el otro resbala, acantilado,
acaso que al caer del vino descubriremos que valemos lo que rompemos,
o acaso nada...
felicidad, sí, nuestro deseo de papel de envolver (y mientras no nos jodan),
mientras no me pidas que alargue la mano o te abra mi carne repartida,
fiestas, sí, la del semen que anhela el secar de las lágrimas para encerar las caras,
escorrentías de limas falsas que abrirán las celdas donde debimos quedarnos, reos
inanes,
condenados ya a vagar sin entender, mientras de sonrisas
desdentadas
cargamos las alitas sucias, cuadernos emplumados de derrota,
de tanto ángel
caído.
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