Company of Wolves

Company of Wolves
Bark at the Moon

sábado, 1 de agosto de 2015

Gordo.

Gordo cabrón, sufres
de tanta ausencia, y bebes
lo que hará más grande esa barriga
que le da sombra a tu polla.
Te llamas Andrés....
Nadie te recogerá del suelo.
La lascivia potará a tu paso.
Gordo, cabrón, qué difícil
te resulta
la verdad,
el polvo sin vello que, deglutiendo esperma,
aconsejan esos cuerpos perfectos
que anuncian la égida de todo
Danone.

jueves, 30 de julio de 2015

Nubes.

Nubes.
Tan solamente el pasar
de las nubes.
Por qué.
Por qué no detenerse a contemplar,
sentir su simpleza,
su albura,
qué sombra se instala en los ojos
del que nunca
duerme.
Quién me segó
esa estúpida palabra,
quién tiene la felicidad en almoneda,
nubes, formas sin número,
gotas presas del viento,
ríos del antes y nombres empapados,
por qué sólo escribir cartas a la muerte,
qué es más que una nube, que el canto
de las guitarras sin cuerdas,
que la trampa del hoy, que la soldada
del agua
que no hemos merecido.

martes, 14 de julio de 2015

Singla.

Te estaba buscando.
Un día te marchaste sin dejar seña alguna,
equilibrista del alambre
en esos dudosos fieles de las balanzas
de la ley....
Nunca más regresaste.
Ocurrió que las niñas de la playa
sólo supieron de ti por tus sucias melenas,
todo pasó como devasta la marea las chanclas
descuidadas,
te olvidaste, suicida entre las páginas, y yo te estaba
buscando.
Donde has estado, cómo has administrado
la miseria que le concedías a su triste
señoría, a tus toallas descoloridas
en los balcones de los veranos que olvidaste vivir.
Te estaba llamando, gritos como vientos.
Hoy apenas si te reconozco.
Perdido el amor, perdida la fe, perdida la partida
que jugaste con esos amarracos trucados, órdagos
de mus nocturno
sin otra cartas que los códigos penales.
Esa sequedad en la boca tras las pastillas que
te apuntalaban.
Cómo vas a volver a creer en la luz.
Quién te va a querer en tu locura de indicios racionales,
qué virtud cardinal ha merecido tus décadas
funerarias,
cómo convencerte de que el sol seguirá saliendo
al otro lado de las islas donde aguardan
los despojos
de aquellas risas jóvenes que creían
que habría un mañana.



jueves, 9 de julio de 2015

Badia.

El miedo en tus ojos.
En tus ojos, mirando al suelo.
En tus ojos que creyeron ver la luz
a este otro lado del Mediterráneo.
Has salido con tus amigas.
Te ha pegado.
Te ha amenazado de muerte.
Tienes derecho a no declarar.
Cuál es la ley que ampara ese silencio.
Quién sigue bendiciendo tantas absoluciones.
Qué duele más, la verdad
o los sacros vínculos del anillo
y del terror.

martes, 9 de junio de 2015

Not unlike the waves.

Han servido las mesas
con esos manteles que acarician
los muslos que, internos, ha de catar
la lengua.
La costa nos tiene por testigo.
Las mareas que saben ser recíprocas, cómplices,
ansiadas.
Han pasado tantos años.
Ha sido tu vuelta la última razón.
No hemos triunfado, no.
La musa habla el lenguaje de los muertos.
No nos han anhelado las orillas.
Las hemos tomado como se cabalga al dolor.
Hemos alzado la copa contra la isla donde esperaban
los ahogados.
Todo tuvo nombres y todo los perdió.
Los pies desnudos también conocen las llagas,
las incisiones de cada nueva mañana
contra el vestidor, las suturas en la dermis
trófica
de los tangas que cantan con Bob Dylan
la última nana de su recorrido
por la desolación.
Fue hace ya más de treinta años.
No somos, no, distintos
de las olas.
No sabremos, siquiera, la dirección que anclar
al remite de las cartas que otrora
recibimos.
Postales del Cabo desde los buzones oxidados.
Nunca hubo respuesta, la telegrafía
calló como hacen las espumas
sobre las lapas desencantadas.
Fue hace más de treinta años.
Y hoy la munición intenta
disparar las salvas fantasmas de aquel
viejo
agosto.




lunes, 6 de abril de 2015

HIja mía.

Caza mayor.
Padre de mierda, hija mía.
Un puto loco, hija mía.
Arcabuces a las voces, ruecas empolvadas y gotitas de sangre,
pieza segura.
No me necesitas, hija mía.
Tienes quién no te dañe, hija mía.
Un maldito inmaduro.
Qué erratas como vidas, qué dolor sinestésico,
qué mutación diaria, las pastillas blancas, las pastillas azules,
sentencias, pensiones, qué fríos argumentos,
qué palabras como muertes,
hija mía,
hija mía.

viernes, 3 de abril de 2015

EMIGRANTE.


Las he encontrado de pronto...
Las mismas notas de Wim Mertens
que acompañaron el año en el que dejé de serlo,
esas soledades de la tarde opaca contra el adarve de la costa,
las largos meses de mil novecientos noventa y uno, la inmarcesible
tumba abierta del tiempo que nos ha marcado,
los patos norteños que migraron al silencio de Cala Flores
buceando en busca de esa su pesquera,
indagando al agua acerca del porqué de su memoria.

Tantos años han pasado y no me reconozco,
tantas veces esa mi casa vacía ha recordado mis pasos,
sé que estoy allí, joven, presa del vino, inquebrantablemente loco,
el espejo de la entrada devolviendo a la noche mi imagen fantasmal,
los golpes de las puertas contra la mano leve de los vientos marineros,
sé que los temarios de la puta oposición aún me saben a Levante,
pero aún no sé, Dios mío, por qué te has ido tan lejos,
por qué las ropas han permanecido contra la rabia de los armarios del salitre,
por qué son los bisnietos de aquellas gaviotas los que hoy surcan esos mismos
acantilados, por qué,
por qué hoy me siento tan viejo, tan zafio,
por qué me he dado la espalda y soy hoy tan otro,
a lo lejos,
tan aterrorizado,
tal obscura sombra del que antes era el rey de los veranos resilientes,
el fiel rescoldo de los septiembres por todos
abandonados.