Cristo habrá resucitado, mas nos quedan los estigmas...
Señalados por nuestras ropas obscuras y nuestros largos cabellos, insultados
en las procesiones de la blanca mascarada cartagenera,
distinguidos por una vida fuera del camino que osa en el bosque, por una senda que nos lleva
lejos de aquellos que nos dijeron que nos querrían
siempre,
sí, manos y piernas lanceadas por el seguir sintiendo que las piedras sepulcrales no se apartarán,
tus estigmas, mis estorbos, la maldición de saberse diferente y rondar las pisadas de los lobos,
la fusta romana en las miradas de los putos pijos que me ríen porque soy un jodido juez
o cuando no lo saben me echan de sus restaurantes porque hay Satán en mis manos y dolor en mis labios,
y entonces lo veo...
Cristo ha resucitado,
la Salve Cartagenera nos agolpa, nos hermana en esta hermosa impostura, pero no acierto a cantar...
vos no me daréis la mano al cruzar el umbral,
me despreciaréis, me diréis loco, el desequilibrado, el pastillero, el débil depresivo,
la caridad será vuestra última palabra antes de rematar con dagas nuestras certezas,
os mofaréis de maricones, de moros, de pobres, de perro-flautas sin otro vestir que su enorme corazón,
y seguiréis siendo los señores de los estigmas, y todo será igual,
me reuniré en las calas nocturnas con mis iguales,
me emborracharé en las barras de las palabras con mis mejores,
me empalmaré cuando una guitarra me cuente el secreto del cieno de los hombres,
sangraremos, y Cristo habrá resucitado, y le mostraremos
delante de toda esta sociedad de mierda
la sabia permanencia de sus últimas heridas.
Company of Wolves
Bark at the Moon
domingo, 8 de abril de 2012
miércoles, 21 de marzo de 2012
The Last In Line.
Siempre hay un pasado, y siempre duele,
acecha entre los platos de salmón y las patatas cocidas y aterradas,
vuelve y grita que nada de lo de antes nos ha dejado de destruir,
esta noche tengo en las manos abiertas tantos fotogramas de la felicidad,
tengo en los ojos tantos rastros de los hamsters que he matado a pollazos y me he comido,
tengo tanto miedo que concluyo, fallo, y seamos sensatos,
rindamos, entreguemos, los pendones,
arriemos las velas, las de tu Halloween, las de las últimas naos que fingieron su babor oxidado,
pidamos perdón...
Nunca seré suficiente, y he de decíroslo,
los galones del hoy serán medallas de deserción mañana,
la última leche que cuajó en mi sexo fue la de Blanquita al embate de Pedro,
un señor de Madrid ha venido ha robarme mi última puerta de salida,
(ay, era para nosotros esa otra vida)
y entre todo eso que nada os significa he vuelto a saborear las lágrimas sobre el volante,
pues (Meat Loaf) los objetos en el espejo retrovisor pueden parecer más cerca de lo que están,
y muchas me han dicho que me amaban, y su amor han sido al final los vientos,
las gaviotas que depredan los huevos del postrero verano,
los bancos vacíos de la veintena de septiembre,
y no podré serte bastante...
Hay demonios que es mejor dejar dentro de sus poseídos,
hay tonadas que siempre serán lastres funerarios,
no debí, no, entregarte al terror de los Grateful Dead, al fin y al cabo
soy sólo, apenas, una ilusión de vino blanco, un castillo de tarots que ya avezaron
del
solitario
camino
del que seguirá bailando
(entre cientos que tocan sus guitarras)
a la armónica del oso viejo del zíngaro.
Segundo premio, sí,
el último en llegar, el último en saberlo.
(Larga, ancha, negra, sea la mar).
miércoles, 8 de febrero de 2012
Digamos blanco.
O cómo escribir con la sonrisa,
o de qué manera tener palabras cuando el corazón se divide, se agrieta en dos,
se ignora en nombres y alabardas (hasta ha tanto como el ayer) ignoradas, o cómo no mentir, cómo,
si no tengo, no, la consuetudinaria ambición por eso que llaman felicidad, y cómo, cómo
cantarla.
Látigos y culebras (esos labios tensos de la lefa) me han parecido tan bellos elementos constructivos,
a mí y a todos vos (jodidos farsantes), de argollas y clítoris anillados hemos edificado estas chavolas
que llamamos meses,
poetas, bares,
quiebros de columnas cervicales, podrida mielina hacia la hermosa muerte,
yo y yo de adobe negro siempre recubiertos, versos, falacias, cerraduras oxidadas ante la promesa
rota
del verano.
De todo eso hemos narrado, dedos llenos de mierda, muecas de orgullo ante el segundo altar de Sartre,
y de pronto querer que la cal se torne blanca, que los pulpos solitarios al tacto de otra mujer y otras sábanas
pierdan sus ventosas,
que hasta los cuervos que anuncian el frío miren con algo que no sea el horror de Conrad,
quisiera, sí, quisiera, perdonarme, colgar arpones, levar anclas, pero todo,
todo este retornar de Tarots como papel couché de los relojes que tanto he pisoteado,
toda esta declaración de obra nueva en ramas sin espinas,
esta inmensa deuda que me quiero saldar en unos ojos y un erial que llaman esperanza,
todo se me antoja demasiado...
(pero que se mueran, que se vuelvan, los cobardes).
o de qué manera tener palabras cuando el corazón se divide, se agrieta en dos,
se ignora en nombres y alabardas (hasta ha tanto como el ayer) ignoradas, o cómo no mentir, cómo,
si no tengo, no, la consuetudinaria ambición por eso que llaman felicidad, y cómo, cómo
cantarla.
Látigos y culebras (esos labios tensos de la lefa) me han parecido tan bellos elementos constructivos,
a mí y a todos vos (jodidos farsantes), de argollas y clítoris anillados hemos edificado estas chavolas
que llamamos meses,
poetas, bares,
quiebros de columnas cervicales, podrida mielina hacia la hermosa muerte,
yo y yo de adobe negro siempre recubiertos, versos, falacias, cerraduras oxidadas ante la promesa
rota
del verano.
De todo eso hemos narrado, dedos llenos de mierda, muecas de orgullo ante el segundo altar de Sartre,
y de pronto querer que la cal se torne blanca, que los pulpos solitarios al tacto de otra mujer y otras sábanas
pierdan sus ventosas,
que hasta los cuervos que anuncian el frío miren con algo que no sea el horror de Conrad,
quisiera, sí, quisiera, perdonarme, colgar arpones, levar anclas, pero todo,
todo este retornar de Tarots como papel couché de los relojes que tanto he pisoteado,
toda esta declaración de obra nueva en ramas sin espinas,
esta inmensa deuda que me quiero saldar en unos ojos y un erial que llaman esperanza,
todo se me antoja demasiado...
(pero que se mueran, que se vuelvan, los cobardes).
viernes, 23 de diciembre de 2011
Negra Navidad.
No creo...
No creo que nadie naciera en un portal,
ni siquiera se me antoja que ningún mago borracho viera una estrella fugaz,
no puedo creer que unos pastores hicieran otra cosa que cagarse en la noche fría de sus señoritos
(y, si acaso, follarse a sus ovejas),
no creo que el invierno pariera dioses, ni que hubiera sino odio en el alma de los hombres,
no, lo siento, y me temo
que los fariseos simplemente han cambiado túnicas por sotanas,
que las luces y las bolas purpurinas solo ocultan rabias secas,
que queremos, deseamos, pero somos los Herodes de los nuestros,
y no creo, no creo, que nada tengamos que celebrar.
Acaso que alguien se va a atrever a decir un "te amo" (malditas palabras),
acaso que alguien mentirá mientras afila la lija de su sexo,
acaso que, como cada perro, nos lamemos el cipote mientras el otro resbala, acantilado,
acaso que al caer del vino descubriremos que valemos lo que rompemos,
o acaso nada...
felicidad, sí, nuestro deseo de papel de envolver (y mientras no nos jodan),
mientras no me pidas que alargue la mano o te abra mi carne repartida,
fiestas, sí, la del semen que anhela el secar de las lágrimas para encerar las caras,
escorrentías de limas falsas que abrirán las celdas donde debimos quedarnos, reos
inanes,
condenados ya a vagar sin entender, mientras de sonrisas
desdentadas
cargamos las alitas sucias, cuadernos emplumados de derrota,
de tanto ángel
caído.
No creo que nadie naciera en un portal,
ni siquiera se me antoja que ningún mago borracho viera una estrella fugaz,
no puedo creer que unos pastores hicieran otra cosa que cagarse en la noche fría de sus señoritos
(y, si acaso, follarse a sus ovejas),
no creo que el invierno pariera dioses, ni que hubiera sino odio en el alma de los hombres,
no, lo siento, y me temo
que los fariseos simplemente han cambiado túnicas por sotanas,
que las luces y las bolas purpurinas solo ocultan rabias secas,
que queremos, deseamos, pero somos los Herodes de los nuestros,
y no creo, no creo, que nada tengamos que celebrar.
Acaso que alguien se va a atrever a decir un "te amo" (malditas palabras),
acaso que alguien mentirá mientras afila la lija de su sexo,
acaso que, como cada perro, nos lamemos el cipote mientras el otro resbala, acantilado,
acaso que al caer del vino descubriremos que valemos lo que rompemos,
o acaso nada...
felicidad, sí, nuestro deseo de papel de envolver (y mientras no nos jodan),
mientras no me pidas que alargue la mano o te abra mi carne repartida,
fiestas, sí, la del semen que anhela el secar de las lágrimas para encerar las caras,
escorrentías de limas falsas que abrirán las celdas donde debimos quedarnos, reos
inanes,
condenados ya a vagar sin entender, mientras de sonrisas
desdentadas
cargamos las alitas sucias, cuadernos emplumados de derrota,
de tanto ángel
caído.
martes, 30 de agosto de 2011
Kaos.
He tratado de evitarlo, pero en vano.
Vivo en este bajo-G, y todo me termina pareciendo tan anómalo,
tan accidental,
de mis radas y mis lajas isleñas a este erial de ladrillos y torrenteras, al interior,
sí, vivo en la jodida Avenida de Cabo de Palos, Altorreal,
el alea me trajo aquí, donde en la noche sólo escucho a los grillos, y aquí me ahogo,
y conozco a personas, y río a los vinos, y estoy hasta la polla de ir mendigando la amistad
por tantas carreteras, por pueblos tales hitos cansinos a mis ruedas,
muchas gentes, versos falsos, piscinas donde los ojos otean coños,
y mis hijos vienen a veces a contemplar las pavesas del gran hombre que no lo fue,
sin que nada tenga más explicación que el que simplemente ha ocurrido,
sin que sea mi vida o vuestra imagen distinta a la del graffiti que no eligió su pared o la herrumbe de su vagón,
y estoy hasta los huevos,
no hay porqué,
sólo estamos aquí,
sólo estoy solo como una canción aleatoria del Spotify de las venas y los dientes,
y os iréis,
dejaréis de lado los nombres cuando mi coche no llegue a vuestras latitudes,
y será el olvido, el Kaos como el orgasmo, los párpados que se cierran al son inquieto
de otra
última
noche.
sábado, 13 de agosto de 2011
Cefalú.
A ratos todo esto es mentira,
a ratos sueltos la soledad que cierra mi sombra me pesa, puede como chepa y diente al polvo,
sí, hay veces que puedo huir miles de millas pero me han seguido,
me habéis permanecido,
en lenguas extranjeras, costumbres ajenas, sucios puertos añejos, acá esa soledad es océana,
ha ido cantando por las bocas de los magres hasta sus primos italianos,
y en estas familias lejanas se ha regurgitado, ha llorado su vómito sobre mis pies de lava helada,
porque valgo menos de lo que parezco,
porque parezco aún menos de lo que creo ser,
porque soy incluso mucho más pequeño que mi reflejo,
mi imagen de anillos macarras y de pelos largos sobre el aceite que desaguan las barcas de Ognina,
porque mi reflejo es sólo un momento en una calle estrecha de souvenirs y risas lavatorias,
y ya se ha ido,
y es cuando entonces sólo mi soledad se torna mía, cuando los gelatos sacan sirlas al pantocrátor,
cuando el andiamo siciliano se descompone, los amigos, los amantes, los esposos y sus hijas de seda
me desiertan
en estas calles de tabacchinis, de tratorias, de hermosas ropas tendidas, manteles tales toldos y colores
y quiero irme de mí mismo,
quiero dejarme de lado, quiero no ser yo, quiero reír mas no sé reír sólo, quiero volar pero soy argolla,
y acaso quedará, por Crom,
mi figura en un ciber-café lloviendo sobre las teclas que me alcanzan la voz de Porcupine Tree.
(Cooooooollaaaaapse the Light into Earth)
miércoles, 20 de julio de 2011
Tras lo más sombrio del lejano territorio.
Ya sabes que habrá otra vez y que morderé el polvo...
habitante del flojo eslabón, de la sed nocturna, allá donde la soledad empapa las paredes,
el semen se almacena y los ojos buscan la mano que ya se rasgó contra todos los quicios,
y de qué sirve...
Volviste a demostrar tu pre-eminencia, loba de red y aliento a vieja,
tu frescura en la derrota de todo lo que puse a tu alcance, reina empeñada
en tu tierra del óxido, la vencedora caléndula
del robín, siempre alerta, siempre royendo el negror de los meses del frío,
fuiste de nuevo tú, la mujer, la lanza que hace de los clítoris tan angrelados
territorios,
y volveré, tornará mi clavo sucio, mi lengua comedora de otros coños,
arengaré a mi ejército contra tus ortos, pues Asgard ha de morir, y en tu siembra de fémina
quedará sólo la dudosa miel de la más escogida
mandrágula.
habitante del flojo eslabón, de la sed nocturna, allá donde la soledad empapa las paredes,
el semen se almacena y los ojos buscan la mano que ya se rasgó contra todos los quicios,
y de qué sirve...
Volviste a demostrar tu pre-eminencia, loba de red y aliento a vieja,
tu frescura en la derrota de todo lo que puse a tu alcance, reina empeñada
en tu tierra del óxido, la vencedora caléndula
del robín, siempre alerta, siempre royendo el negror de los meses del frío,
fuiste de nuevo tú, la mujer, la lanza que hace de los clítoris tan angrelados
territorios,
y volveré, tornará mi clavo sucio, mi lengua comedora de otros coños,
arengaré a mi ejército contra tus ortos, pues Asgard ha de morir, y en tu siembra de fémina
quedará sólo la dudosa miel de la más escogida
mandrágula.
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