Company of Wolves

Company of Wolves
Bark at the Moon

domingo, 14 de mayo de 2017

Mamen.

Este pasado viernes, a la tardía tarde,
a la escucha atenta de los prisioneros de las cuadras,
al sollozo tras tu verbo de caballos y de yeguas,
te arrastraste como la más dulce de las sierpes a lo largo de un poema
de muchos (y nunca
suficientes)
minutos.
Qué hermosura la de tu cadencia en el dolor,
la de tu voz quebrada y requebrada en la descripción del amor,
del tiempo,
de la debilidad y del otoño que a todos ya nos puebla y que sabe
a esa lluvia amarga de los temporales de antaño al llegar el honrado Levantazo,
indeseable,
de todo septiembre.

Nos hablaste del querer querer y de cómo habíais querido
quereros, y del silencio
al vociferante cambio del paisaje y a los alaridos del caucho en el asfalto,
y tus ojos, yertos de lágrimas, de ese llorar contuso, contenido,
definitivo,
fueron la alabarda que acabó de herir nuestra verdad con la verdad que es
la única ciertamente
verdadera, poco después de que un melenudo
mintiera con sus horrible tacos y sus palabras soeces
ante nuestro escenario, el mismo que, desprevenido, deglutió
su esmegma
y tu flor.

Sé bien
que eres más de Vivaldi, pero te prevengo, mi querida amiga, de que las estaciones
son las cuatro hijas preferidas de Satán, y cuando nos contaste
que en la guantera yacía largo ha un disco de "The Bleatles"
pensé en ese al que tanto amas y me dije que él desearía que sólo alguien
como nosotros,
nos, los hijos de los malditos, de todos los malditos de este maldito mundo,
le hiciera escuchar a "Iron Maiden" y a su falsa balada
desgarrada a él, a mí, a ti, a todos, a tantos como somos
los "Children of the Damned".



No es necesario que me contestes.
Cuando alguien demuestra ser humano, alguien te enseña que Schrödinger
mintió, que sólo hay un universo y esa infinitud
nos pertenece.
Se trataba de querer querer.
Se trata, aún, de querer seguir queriendo, y una voz de mujer
serena y devastada
es la demostración de la existencia de Dios y de que Diógenes siempre tuvo
un ego más que excesivo.
Sigue, pues, ahí.
Tras el atril, junto a la barra o al otro lado de una inmensa
página.
Lo único incontable, hermana, es el número de los que
(como yo)
no podríamos seguir adelante
sin ti.
 


sábado, 29 de octubre de 2016

Hace cuarenta y tres años
Rick Wright y Roger Waters pensaron que su "nosotros" era al menos
un universo lisérgico que podía contar aún (Syd había sucumbido) hasta cuatro
(ya sabéis, el grupo mágico, el que quería cambiar el mundo,
Roger, Rick, David y Nick,
el de esos nombres que luego dejaron de ser ellos cuatro para ser
las más tristes permutaciones
de nosotros dos y vosotros dos)
y los belicistas, y los capitalistas, y los hijos de puta, y los políticos corruptos,
y tantos de los otros
eran ese resto al que podrían llamar "ellos".
Todo indicaba a ese niño que les escuchaba, simplemente pasmado,
que llevaban toda la razón.
Rick se sentó al piano y empezó a llorar,
mientras David cantaba y hacía temblar las cuerdas de su guitarra
entonando tan hermosos versos como había escrito Roger,
que tocaba el bajo como si silbaran las balas que esos putos generales
sentados en sus retaguardias
hacían dispararse entre ellos a esos que bien sabían
que ya estaban muertos,
clamando una justicia que debía estar por llegar, mientras
martilleaba Nick sus tambores y sonaba ese saxofón de Dick Parry,
ese saxofón
que era como un bate por el culo de nuestra soledad y nuestra
cobardía.

Hoy no estoy tan seguro de que esa división sea tan perfecta.

Sé que siempre habrá un "nosotros" y un "ellos", llegado el momento.
Yo mismo no sé en que grupo estaré.
Yo soy de los que saben que una gaviota es la más hermosa ave litoral,
el ejemplo de la elegancia
en su planear sobre la sombra vespertina del Jaloque,
y sé también que es una calmada psicópata, que se come
las crías de las demás reinas del aire que osen anidar por doquiera
acantilados cercanos
y que le saben mucho mejor si están
vivas.
Yo soy del "nosotros" que piensa que nadie debe morir, soy del "nosotros"
que quiere que tanta mierda pueda cambiar algún día,
soy del "nosotros" que enciende la noche a la luz de su solo teclado
escribiendo en las vidas de los "ellos" y tratando de llenar, como Agustín de Hipona,
mi hoyito con toda, con toda, con absolutamente toda
el agua del mar.
Y, ante todo, soy del "nosotros" que quiere que sus "ellos" sean los menos,
sean sus hermanos, quizás sus malos hermanos, puede que sus hermanos lejanos,
sus hermanos
de otros idiomas, de otros acaso errados pensares, de incluso puede que los mismos
tan pesados
pesares
y sin duda de actos tan terribles como los míos propios,
soy del "nosotros" que no quiere a nadie fuera de esta su casa
donde las banderolas de Ozzy Osbourne me recuerdan que este es un tren loco
en el que vamos a descarrilar todos, absolutamente todos, yo, tú y,
off the rails,
todos "ellos".



Soy, como vosotros, del "nosotros"
que no quiere pensar que tanta gente, aún,
mientras las Erinias de la venganza nos persiguen
a jodidamente todos, cuadrando nuestros callados crímenes,
quiere seguir blandiendo los alfanjes
de su "ellos".

martes, 21 de junio de 2016

                         NÉMESIS



Habrás sentido ese temor
que no comprenden los jodidos
ecógrafos
y esos buenos pastores que tuvieron
más que bastante
con sus vigentes
ovejas.
Quizás por eso me has hendido
esas zarpas que presienten
la aritmética gélida
de lo conveniente, será por ello
que has mordido y maullado recordando
al impúdico dios
de los mínimos
animales.
Pierde cuidado.
No será esta mano quien mensure
tu destino.
Has elegido la muerte en el intento.
Iré contigo pronto, tu amo, tu relente
lacrimal
a esa la multiplicación
de tu sangre.

lunes, 18 de enero de 2016

Calas.

En las playas pijas de mi Cabo de Palos
las gentes visten con pudor sus zonas erráticas,
esas que a la noche sueñan con otros sexos distintos
de esos que los certificados matrimoniales
han definido
como suyos.
Los chicos no se besan con los chicos.
Si quieres que el sol conozca de tus genitales,
si tu lengua ha de libar en bocas desviadas
harás bien en esconderte fuera de la sucia mirada
de los niños.

En las calas señoriales de mi tierra encarecida
el metro cuadrado no está a la altura de tantos
domingueros,
los contribuyentes con derecho a sombrilla se molestan
con esas familias de gitanos que vienen a ocupar
la mar territorial,
los chicos se hacen los machos desde trampolines de roca,
las chicas no se besan con las chicas
(siempre es mejor una polla y una dote),
los vientos acompasan el tañer de las campañas
de la iglesia,
nada perturba la ley que no se morirá con los muertos,
las turistas en top less son las inevitables guarras,
la envidia pugna con los espejos, las apariencias
duelen menos cuando ocultan el horror, vestido
de septiembre.

Armarios.

Son los armarios
la última vanguardia donde esconder
tantas miserias.
La puerta que tape nuestra vergüenza.
Son los armarios los instrumentos de Satán.
Mejor quédate dentro, piensa en tu trabajo,
piensa en tu familia,
la comprensión, al fin y al cabo, es una materia matemática
que tiende a cero,
el respeto es el mascarón de proa del sarcasmo
y las voces
que siempre susurran a tu espalda.

No salgas del dominio de la certera
reproducción, te van a llamar
maricona, te van a decir bollera, te abrazarán
primero y luego
vendrán a ti con sus títulos oficiales,
sí, el sonriente gay,
sí, la machorra lesbiana,
y los curas repartirán pócimas para curar tu enfermedad,
y el amor se mezclará con el perdón, tú,
promiscuo, tú,
viciosa, tú, engendro de la genética
retorcida.

Quédate dentro, quédate dentro.
Las reuniones de amigos cuentan mujeres como coños y tetas
(para qué más),
las chicas de las boutiques de moda buscan nabos afeitados y músculos
esculpidos en gimnasios,
pero eso está bien, la carne es un bien de mercado,
y qué asco, por Dios,
qué asco,
hay gente de esa besándose en las calles,
dijo el doctor que de los culos no sale más que mierda,
que al amor es exclusivo de las arras matrimoniales.
dijo el obispo que una familia es cosa bien distinta,
sí, mejor no salgas, mejor espera,
que para eso tenemos los armarios,
el último dominio de esta sociedad perfecta,
los guardarropas de las bragas equivocadas,
los anaqueles donde ocultar con el preciso pudor
a los desviados.



miércoles, 6 de enero de 2016

Espejo.

Dime, antiguo espejo,
dónde fueron
los instantes reflejados en tu dominio vidrioso,
los retazos de las almas que absorbiste
en tu arrabio de paredes y luces
cadentes,
los segundos de realidad en tus sombras
duplicados,
todo lo que tanto hoy quisiera que abrieras
de nuevo
a la vida.
Quiero pensar que los muertos están a tu otro lado,
en tu dominio de cristal ya quemado por el sol
de los decenios, en tu inmensidad
de dimensiones oxidadas de silicio
paralelo.
Allí, allí necesito encontraros.
A la noche, sé que tu marco devuelve
la sed que arrebataste,
arroja contra el tiempo el ectoplasma
de la marea que se alza en Murano, siempre
sumergiendo en los pasillos tristes
los pasos de los que ya no estaremos.

Te cubriré con la sábana que será mi mortaja, mas eres
paciente.
Las llaves en el cerrojo siempre te encuentran alerta.
Si te rompo, los naufragios del pasado se habrán
por siempre
perdido.
Mi viejo espejo, siempre contra mi vieja
pared.
Sé que el mismo Beelzebub fue tu creador.

sábado, 10 de octubre de 2015

No es verdad.

No es verdad.
Todo esto es una maldita huida,
la mañana le rompe los dientes a la realidad,
en su hostión innúmero, en sus caminos
de la muerte.

No es verdad, y tú lo sabes.
Tapices con mandalas ocultan este sofá
donde aprendí de la ablación en la derrota
y el llanto.
He cubierto las paredes con las sobras del pasado,
y hay un heavy y un hippy enterrados
en el jardín.

Te lo has callado de nuevo, Andrés.
Y sólo te queda la innegable relación
causa-efecto
entre el vino y la carne
decadente.
Sólo te queda
ese tener demasiado miedo, ese algún día
que sucederá la rebelión de los objetos
que te rodean, ese día
que empezarán a hablarte (y no callarán)
de cómo les has robado sus mismas almas,
tomado sus nombres y ahogado su ser
en la ataxia irremediable de tu condición
de esclavo.

Si lo piensas estás bien jodido.
Juraste hace años hacer honor a las lápidas
de la sinceridad.
Esas pobres viejas que se dejaron
las manos
remedando las redes donde atrapar los embustes
de la mar.
No es verdad, no.
Acurrucado en la esquina del salón, qué te queda.
Confesar acaso cómo utilizas a tantos
como aquellos que te regalaron
algo de amor.
Ocultarte en este mal de tontos, en este consuelo
de la caída.
Trasegar al alcohol una última oportunidad.
No es verdad, no lo es.
Nos hemos sonreído y rozado, amantes tenues,
la piel.
Hemos jurado que nos fallaríamos.
Y de tantas certezas no nos hemos dicho
ni una sola.

domingo, 9 de agosto de 2015

La Gruta.

El tiempo del relevo quizás ha llegado.
Mis pies indecisos en la roca son guiados por mi hijo.
En La Gruta de Cala Reona hay un salto de doce metros,
yo fui joven, yo nadé estas aguas, y hoy he vuelto,
y entre los amigos de mi Isi
luchaba el Levante un extraño que les ha visto crecer.
No es preciso insistir como si nada hubiera ocurrido.
Ha acontecido algo tan sórdido como el vivir,
como el tirarse en los váteres de los bares heavy
cerrando los ojos como si algo de todo esto tuviera sentido,
como el huir de los lazos como normas que apretaban y siguen ahogando,
como los elencos de títulos y logros que llenarán los obituarios,
como el destierro de esos dos anillos fechados en diciembre.

Mi hijo salta primero para mostrarme el camino, y me dice
"has de caer en este punto para no chocar contra los secos",
sus amigos que me miran y no lo creen, este viejo
gordo, falto de la cordura de sus padres,
va a saltar, y salta, y tiene miedo, y el viento serpentea
su melena, y como siempre últimamente le duele,
duele al caer el que no goza de la elegancia de los músculos
elásticos, de la belleza del salitre contra la piel de agosto,
sí, como siempre últimamente duele,
y quizás llegó el momento de colgar la toalla y resumirse en aguas mansas,
el instante en que se debe de aceptar que otros mejores han llegado
a los riscos, que los chicos de las litronas junto al mar son los dueños del tiempo
que ya no es nuestro, que sólo la sangre
otorga el derecho a nominar los acantilados, y tú ya sólo sangras
cuando tus ojos miopes guían a tus brazos torpes, cuando las tres olas
de Levante te estrellan contra el rocaje
que sirve de escalera a la subida a los cerros que pronto
morarán en el silencio,
y tus rodillas y tus pies aguantan la corriente a costa de rasgarse contra la piedra,
y a fin de cuentas eres un triste recuerdo de ti mismo.

O bien me queda insistir en que nada de esto ha ocurrido,
o en que quizás precisamente lo sucedido es lo realmente hermoso,
que yo sigo allí, treinta años después,
que es más el que salta que el que mira.
O bien dejar que sean mis cojones los que digan cuándo basta.
O bien bajar mañana a las hélices del Naranjito
y que cuarenta y cinco metros de mar sobre mí me definan
a fin de cuentas
como un ser irrelevante, el imbécil que presume
como el último estúpido heavy que pasea por La Barra,
como el envejecido amontillado que sabe como el escupitajo de Dios,
ya sin poemas,
ya sin otro título que el que trajeron las derrotas
que se cuentan por nombres, borracheras y ajadas
camisetas negras.

viernes, 7 de agosto de 2015

Burgos.

Veintitrés años
vi pasar el río Arlanzón y no aprendí
nada.
Las arquivoltas contienen el mal de la piedra.
Los corazones rebosan la mentira piadosa.
Estas iglesias, estas catedrales
sólo son cementerios de tafetanes pútridos
mas de tan alto
honor.
Acaso el heavy metal en la esquina
de la calle de los monstruos que niegan a Dios
demuestre que la ira seguirá existiendo.
Somos todos hermanos, sí.
Empero, hay sólo un hombre para una mujer,
los sexos se distribuyen conforme a la uniformidad
de los números pares,
las reglas de tres están prohibidas en las ceremonias
oficiales,
y de las fauces de las gárgolas mana más dolor, sangra
más falaz substancia
que aguas trae
la vieja lluvia castellana.
Cómo borrarme de este elenco de gigantes y cabezudos.
Cómo hacerme urraca, cortesana violada, lirio aplastado,
uña y pie desnudo de las tristes muertas que esperan
al otro lado del Paseo del Espolón,
ya sin confesores ni nadie a quien
culpar.

sábado, 1 de agosto de 2015

Gordo.

Gordo cabrón, sufres
de tanta ausencia, y bebes
lo que hará más grande esa barriga
que le da sombra a tu polla.
Te llamas Andrés....
Nadie te recogerá del suelo.
La lascivia potará a tu paso.
Gordo, cabrón, qué difícil
te resulta
la verdad,
el polvo sin vello que, deglutiendo esperma,
aconsejan esos cuerpos perfectos
que anuncian la égida de todo
Danone.

jueves, 30 de julio de 2015

Nubes.

Nubes.
Tan solamente el pasar
de las nubes.
Por qué.
Por qué no detenerse a contemplar,
sentir su simpleza,
su albura,
qué sombra se instala en los ojos
del que nunca
duerme.
Quién me segó
esa estúpida palabra,
quién tiene la felicidad en almoneda,
nubes, formas sin número,
gotas presas del viento,
ríos del antes y nombres empapados,
por qué sólo escribir cartas a la muerte,
qué es más que una nube, que el canto
de las guitarras sin cuerdas,
que la trampa del hoy, que la soldada
del agua
que no hemos merecido.

martes, 14 de julio de 2015

Singla.

Te estaba buscando.
Un día te marchaste sin dejar seña alguna,
equilibrista del alambre
en esos dudosos fieles de las balanzas
de la ley....
Nunca más regresaste.
Ocurrió que las niñas de la playa
sólo supieron de ti por tus sucias melenas,
todo pasó como devasta la marea las chanclas
descuidadas,
te olvidaste, suicida entre las páginas, y yo te estaba
buscando.
Donde has estado, cómo has administrado
la miseria que le concedías a su triste
señoría, a tus toallas descoloridas
en los balcones de los veranos que olvidaste vivir.
Te estaba llamando, gritos como vientos.
Hoy apenas si te reconozco.
Perdido el amor, perdida la fe, perdida la partida
que jugaste con esos amarracos trucados, órdagos
de mus nocturno
sin otra cartas que los códigos penales.
Esa sequedad en la boca tras las pastillas que
te apuntalaban.
Cómo vas a volver a creer en la luz.
Quién te va a querer en tu locura de indicios racionales,
qué virtud cardinal ha merecido tus décadas
funerarias,
cómo convencerte de que el sol seguirá saliendo
al otro lado de las islas donde aguardan
los despojos
de aquellas risas jóvenes que creían
que habría un mañana.



jueves, 9 de julio de 2015

Badia.

El miedo en tus ojos.
En tus ojos, mirando al suelo.
En tus ojos que creyeron ver la luz
a este otro lado del Mediterráneo.
Has salido con tus amigas.
Te ha pegado.
Te ha amenazado de muerte.
Tienes derecho a no declarar.
Cuál es la ley que ampara ese silencio.
Quién sigue bendiciendo tantas absoluciones.
Qué duele más, la verdad
o los sacros vínculos del anillo
y del terror.

martes, 9 de junio de 2015

Not unlike the waves.

Han servido las mesas
con esos manteles que acarician
los muslos que, internos, ha de catar
la lengua.
La costa nos tiene por testigo.
Las mareas que saben ser recíprocas, cómplices,
ansiadas.
Han pasado tantos años.
Ha sido tu vuelta la última razón.
No hemos triunfado, no.
La musa habla el lenguaje de los muertos.
No nos han anhelado las orillas.
Las hemos tomado como se cabalga al dolor.
Hemos alzado la copa contra la isla donde esperaban
los ahogados.
Todo tuvo nombres y todo los perdió.
Los pies desnudos también conocen las llagas,
las incisiones de cada nueva mañana
contra el vestidor, las suturas en la dermis
trófica
de los tangas que cantan con Bob Dylan
la última nana de su recorrido
por la desolación.
Fue hace ya más de treinta años.
No somos, no, distintos
de las olas.
No sabremos, siquiera, la dirección que anclar
al remite de las cartas que otrora
recibimos.
Postales del Cabo desde los buzones oxidados.
Nunca hubo respuesta, la telegrafía
calló como hacen las espumas
sobre las lapas desencantadas.
Fue hace más de treinta años.
Y hoy la munición intenta
disparar las salvas fantasmas de aquel
viejo
agosto.




lunes, 6 de abril de 2015

HIja mía.

Caza mayor.
Padre de mierda, hija mía.
Un puto loco, hija mía.
Arcabuces a las voces, ruecas empolvadas y gotitas de sangre,
pieza segura.
No me necesitas, hija mía.
Tienes quién no te dañe, hija mía.
Un maldito inmaduro.
Qué erratas como vidas, qué dolor sinestésico,
qué mutación diaria, las pastillas blancas, las pastillas azules,
sentencias, pensiones, qué fríos argumentos,
qué palabras como muertes,
hija mía,
hija mía.

viernes, 3 de abril de 2015

EMIGRANTE.


Las he encontrado de pronto...
Las mismas notas de Wim Mertens
que acompañaron el año en el que dejé de serlo,
esas soledades de la tarde opaca contra el adarve de la costa,
las largos meses de mil novecientos noventa y uno, la inmarcesible
tumba abierta del tiempo que nos ha marcado,
los patos norteños que migraron al silencio de Cala Flores
buceando en busca de esa su pesquera,
indagando al agua acerca del porqué de su memoria.

Tantos años han pasado y no me reconozco,
tantas veces esa mi casa vacía ha recordado mis pasos,
sé que estoy allí, joven, presa del vino, inquebrantablemente loco,
el espejo de la entrada devolviendo a la noche mi imagen fantasmal,
los golpes de las puertas contra la mano leve de los vientos marineros,
sé que los temarios de la puta oposición aún me saben a Levante,
pero aún no sé, Dios mío, por qué te has ido tan lejos,
por qué las ropas han permanecido contra la rabia de los armarios del salitre,
por qué son los bisnietos de aquellas gaviotas los que hoy surcan esos mismos
acantilados, por qué,
por qué hoy me siento tan viejo, tan zafio,
por qué me he dado la espalda y soy hoy tan otro,
a lo lejos,
tan aterrorizado,
tal obscura sombra del que antes era el rey de los veranos resilientes,
el fiel rescoldo de los septiembres por todos
abandonados.

jueves, 12 de febrero de 2015

Justos.

No, no me impresionas.
No hay butrones en tus muros, inquebrantable
servidor de las normas que te impusieron,
tu lacrimal cerrado y tu voz autoritaria,
tu perfección mientras sucede la vida a tu lado,
no me jodas, bien ya nos conocemos,
las monedas de tus manos se enrobinan con tu sangre,
las bebidas espirituosas hacen dormir al carcelero
pero no abren la mazmorra donde te pudres
mintiendo al tiempo, obviando el final.

Sí, eres un tío cojonudo.
Razonas tus actos y sazonas tus fallos.
No follaste hasta los veintipico y complaciste a Dios.
Tuviste hijos, compraste hacienda y forjaste apellidos.
Qué quedará de ti cuando seas traspasado a merma.
Qué mares muertos yacen en tus playas de la nada.
En qué mercado se subastan las sonrisas que perdiste,
quién te va a compensar la puñalada trapera
del olvido.

jueves, 29 de enero de 2015

Perdedor.

Tantas veces estamos solos ante la tarde,
delante de otra ocasión perdida para afirmar que estamos vivos,
las infértiles horas de trabajo, los deberes siempre por cumplir,
pasan las semanas, vencen los meses, ojos cerrados,
el cayado cansado, la ausencia de sonrisa.

Cómo quisiera poblarme de mar fuera de los presuntos festivos,
cuándo la otra mejilla al orgullo desquiciado, al trascurrir
eritematoso
de la probidad, de la saciedad de las expectativas, del deseo agotado,
cuándo me atreveré a decir que no, a separarme del veril,
qué ganamos mintiendo en los currículos que nos vendemos,
cuándo será suficiente con el yo, cuál el bálsamo para la derrota,
quién hará la loa al que cayó, dónde la carta de perdón
para el perdedor.

sábado, 17 de enero de 2015

MOROS.


MOROS

No sé cuál es la verdad.
Sí sé que toda muerte es nuestro último fracaso.
Sé que ningún dios puede querer el dolor y la sangre....
Sí sé que aquí hemos venido a algo más que producir,
y sé bien que somos unos tremendos ignorantes.

Hay gentes poderosas que se esconden tras los gobiernos,
hay cuarenta y tres estudiantes desaparecidos en Méjico,
los que mandan no son los que vemos, sólo la mar
arroja su evidencia de vendavales y permanencias,
sólo el mañana incierto es nuestra herencia,
seguimos baldeando sus pasillos de palacio, nos engañan,
nos mienten,
nos entretienen con los noticiarios, nos indican el camino
del jodido éxito,
nos han señalado al enemigo,
sí, he oído que hoy los peligrosos son los moros,
sí, como ayer los indeseables eran esos ácratas,
esos que no veneraban nuestra inmejorable democracia,
esos que ponían en peligro a los filántropos que cuidan del mercado,
y hemos de protegernos de aquel al que hemos creado,
tenemos opinión y cierta mierda saliendo por las bocas,
rotativos que se empeñan en insistir en sus doctrinas,
calmos atardeceres protegidos por las series televisivas.

La muerte de nadie no está entre nuestros derechos.
No me gusta el verbo "abatir", el infinitivo negro del "eliminar".
Sí, tengo miedo, Sócrates no es consuelo,
el no saber nada simplemente es eso,
la raíz fértil del odio,
el horror de Kurtz al cerrar los ojos,
el último nudo de la maroma que hemos tejido
con nuestro cómplice silencio.

lunes, 5 de enero de 2015

Legones.

Legones.
Cada día estos legones acaban en mis manos.
Cada día dibujo surcos de salida de esta trampa.
Me digo que veré el final de los caminos del agua.

Algo ha ocurrido de un tiempo a esta parte.
Cavar y cavar, dedos macilentos, las raíces podridas, la celada
tendida de los pecados evidentes.
Los tiempos procesales, los destinos cruzados,
las públicas firmas aviejadas, las mediciones de obras del ángel caído,
lo imposible,
lo que quizás ha sido inevitable.

En mis manos sólo legones.
Códices de urbanismo, las tierras que surcan los cauces
innúmeros, llagados,
de las almas egresadas del dominio público hidráulico.
Como cada mañana, ahondar, horadar, penetrar.
Lejos siempre de la última verdad, aislado, capazos y capazos
de evidencias que sólo apuntan a mí.